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Texas Alexander, una rara avis del blues

Algernon Alexander es quizá el único intérprete de blues exclusivamente vocal que ha pasado a la gran historia del género. Nació a principios de septiembre de 1900 en el seno de una familia de aparceros tan pobres que apenas podían hacerse cargo del niño que fue criado por su abuela y desde muy joven se convirtió en uno de los miles de negros errantes, trabajando en recorriendo campamentos madereros y obras del ferrocarril. Era un tipo pequeñajo pero muy duro, siempre dispuesto a salir adelante con la navaja en la mano, con una voz profunda que impresionaba y que comenzó a ejercitarse cantando al viejo estilo de los field hollers, los cantos de trabajo de las plantaciones y haciendas de los días de la esclavitud y los primeros tempos de la segregación. Poco a poco fue evolucionando hacia un estilo muy particular, con un ritmo irregular y fuertes dosis de improvisación, que le alejaba del blues de aquel tiempo.

Nunca en su vida tocó un instrumento y cantó acompañado por figuras tales como Blind Lemon Jefferson, Eddie Lang, Lonnie Johnson o los Mississippi Sheiks o Lightnin’ Hopkins, de quien afirmaba que era primo. En 1927, gracias a su amistad con el pianista Sammy Price, grabó por primera vez acompañado por Lonnie Johnnson y en 1934 grabó con los míticos Mississippi Sheiks. En 1939 fe detenido por matar a su esposa y a pesar de sus reiteradas protestas de inocencia, pasó cinco años en la prisión texana de París. A su salida de la cárcel volvió a cantar en las calles de Houston con su viejo camarada Lightnin’ Hopkins, con quién en 1947 regresó a los estudios para grabar un disco que pasó prácticamente desapercibido. A los 54 años la sífilis, una enfermedad que le venía consumiendo desde sus años de vida errante, acabó con su vida.

Texto extraído del libro Entre el cielo y el infierno. Cien efemérides del blues clásico, de Manuel López Poy

 

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Jimmie Rodgers, el maquinista blanco del blues

jimmie-rodgers-78James Charles Rodgers nació el 8 de septiembre de 1897 en Meridian, Mississippi, aunque en sus documentos figuró siempre el domicilio de sus abuelos en Geiger, Alabama. Hijo de un empleado del ferrocarril que apenas paraba por casa, su madre falleció cuando tenía seis años, quedando prácticamente huérfano. Jimmie se crió sin apnas tutela familiar, yendo a la escuela lo menos posible y visitando los barrios que frecuentaban los músicos negros colándose a escuchar a los músicos de los peores garitos. A los doce años ganó un concurso de jóvenes talentos y se marchó de casa para cantar por los caminos. Se enroló en un medecine show, donde cantó y tocó la guitarra hasta que su padre lo localizó y le dio a elegir entre regresar la escuela o ponerse a trabajar.

El inquieto Jimmie optó por lo segundo y su padre lo metió en el ferrocarril como guardafrenos, lo que le permitió viajar y cantar para rudos obreros, inmigrantes, vagabundos, vigilantes y camorristas que le apodaron ‘The Singing Brakeman’ (el guardafrenos cantor). Aprendió a interpretar todo tipo de música popular, desde baladas a canciones hillbilly y blues, creando un estilo propio que bautizó como blue yodels, que inspiró a bluesman como Leabelly o Tampa Red y en el que se encuentran buena parte de las raíces del country.

En 1917 se casó con Sandra Kelly, de quien se separó cuando estaba embarazada y res años después se casó con Carrie Williansom, la hija de un predicador que todavía iba a la escuela. Las cosas no fueron fáciles para la joven pareja. Su segunda hija murió de difteria, Jimmie fue despedido del ferrocarril y tuvo que volver a cantar por los caminos. Fruto de esa vida errabunda fue una neumonía que degeneró en tuberculosis crónica. A pesar de su delicada salud, en 1924 montó un espectáculo ambulante con el que recorrió el sureste del país durante un año. Pero el negocio no funcionó, un tornado destrozó la carpa donde actuaba y tuvo que volver al ferrocarril, cambiando de domicilio hasta que fue nuevamente despedido por dedicar más tiempo a la música que al trabajo.

A los 30 años, con la salud muy quebrantada, regresó a Meridian con su esposa y su hija. Trabajó en una emisora de radio y como músico ocasional hasta que en 1927 Ralph Peer, que buscaba nuevos talentos para el sello Víctor, le graba dos canciones en un estudio móvil instalado en Bristol, Tennessee, donde coincidió con otros mitos de la música norteamericana, la familia Carter. Rodgers comenzó a convertirse en un cantante popular, se trasladó a Nueva York y grabó ‘Blue Yodel’, un enorme éxito del que se vendieron más de un millón de copias. En los siguientes seis años grabó 120 canciones y se convirtió en una estrella, hasta que la Gran Depresión y su mala salud redujeron sus actuaciones.

En 1932 tuvo que renunciar a las giras y se instaló en San Antonio, donde dirigió un programa de radio seguidopor miles de oyentes. Pero no sabía estarse quieto yvolvió a actuar y grabar, empeñado en morir con las botas puestas. El 26 de mayo de 1933, a los 36 años, dos días después de grabar su última canción, fallecía en un hotel de Nueva York. Su cuerpo regresó a Meridian en un tren cuyo silbato no dejó de sonar en todo el viaje como último homenaje al padre de la música country, que siempre tendrá un sitio de honor en el santoral del blues.

Texto basado en el libro Entre el cielo y el infierno. Cien efemérides del blues clásico, de Manuel López Poy

Margie Evans, 60 años al pie del cañón

Nacida el 17 de julio de 1940 en Shreveport, Louisiana, Marjorie Ann Johnson, más conocida como Margie Evans en el mundo de la música , comenzó cantando gospel en el coro de la iglesia para acabar convertida en una histórica estrella de blues y gospel que a los 78 años de edad, y con 60 de carrera a sus espaldas, sigue triunfando en los escenarios mundiales.

Comenzó a actuar profesionalmente en Los Ángeles como vocalista de acompañamiento con Billy Ward entre 1958 y 1964, antes de unirse a la Orquesta Ron Marshall entre 1964 e incorporarse finalmente a la banda Johnny Otis a finales de los 60. En 1973 comenzó su carrera en solitario entrando por primera vez en las listas de éxitos con su tema “Good Feeling”.

Heredera reconocida y admiradora de las grandes blueswomen como Bessie Smith , Ma Rainey , Big Maybelle y Big Mama Thornton, a lo largo de su carrera Margie Evans ha compartido escenario con artistas de la talla de Bobby Bland , T-Bone Walker , Big Joe Turner , Lowell Fulson o Willie Dixon, entre otros.

Dan Serracas

Comer y cantar. Soul Food & Blues: cuando el blues entra por el estómago

Comer y cantarDice un viejo refrán popular que “El amor llega por los ojos, lo procuras por el estomago y lo mantienes con lo que tienes más abajo”. Aplicado a la pasión por el blues, esa parece ser la consigna que ha seguido Héctor Martínez en su libro Comer y cantar. Soul Food & Blues, en el que la música del diablo nos entra por las canciones, la alimentamos con las viejas recetas de la cocina afroamericana y la mantenemos con las bajas pasiones de las leyendas y las historias transmitidas boca a boca a lo largo de los tiempos, desde las plantaciones de los esclavos hasta los fogones del viejo y profundo Sur de los Estados Unidos o los modernos restaurantes de ciudades como Chicago, Nueva York, Detroit o Baltimore, donde desde finales del pasado siglo se ha recuperado toda una larga tradición culinaria de la cultura negra norteamericana bajo la etiqueta soul food.

El libro cuenta con dos textos introductorios, uno de ubicación socio-histórica a cargo de Manuel López Poy y otro de orientación musical a cargo de Eugenio Moirón, tras los que Héctor Martínez desarrolla, con una narración entretenida a la vez que sesuda, documentada y de buena calidad literaria, doce capítulos que corresponden a otros tantos platos de la cocina afromericana. Estructurados de una forma práctica y con una excelente y atractiva maquetación, cada uno de estos capítulos comienza narrando la historia del plato y sus ingredientes, para pasar a continuación a su relación con el blues mediante ejemplos de temas concretos – con letras incluídas –  y acabar con la receta del manjar en cuestión, todo ello, como decimos, explicado amena y pormenorizadamente.

El gumbo, la okra frita, la jambalaya, el hoecake, los hot tamales o las red beans and rice, entre otras delicias culinarias, se ofrecen como un menú musical en el que el recetario y el cancionero se dan lamano con la historia como fondo, en una obra tan inusual como atractiva en el panorama de la literatura musical en general y la del blues en particular. Aunque se trata de su primer libro publicado, su autor es hombre versado en las lides de la literatura blusera, con un estilo literario más que solvente al servicio de una pasión musical que le ha llevado a pisar los escenarios como armonicista de la extinta banda madrileña The Forty Nighters. Antes de zambullirse en las aguas del blues culinario ya había publicado en la red una seríe de magníficos artículos temáticos en los que exploraba la relación del blues con el alcohol, el juego, la pobreza, la magia, el delito, el sexo o el ferrocarril, entre otros.

Editado a principios de 2019 por la Editorial Lenoir, Comer y cantar es una obra recomendable tanto para neófitos de la música afroamericana como para expertos – e incluso fanatizados – amantes del blues. Todos van a encontrar en el libro algo que desconocían: un plato, su historia, la forma de cocinarlo o una canción que, a buen seguro, les proporcionará un buen rato. Basta con encender la cocina y el aparato reproductor musical que prefieran, para ir siguiendo las directrices de este libro que desemboca, inevitablemente, en el disfrute.

Manuel López Poy

 

JAMES COTTON, EL HUÉRFANO QUE SE CONVIRTIÓ EN REY DE LA ARMÓNICA

james-cottonJames Cotton nació a principios del verano de 1935, en Túnica, una pequeña comunidad rural a unos 50 kilómetros de Memphis. Era el menor de ocho hermanos. Su padre era predicador y toda la familia trabajaba en la granja para sobrevivir a duras penas, incluso el pequeño James, que acarreaba agua en los duros días de la recogida de algodón. Cuando se quedó huérfano decidió irse a casa de su tío en West Helena, donde vivían los músicos que sonaban por la radio. Llevaba una pieza fundamental en su equipaje, una armónica de 15 centavos que le había regalado su madre y con la que había aprendido a imitar todo tipo de sonidos hasta que escuchó por la radio a un tal Rice Miller. Se pasó los siguientes cuatro años tocando con su ídolo Sonny Boy Williamson, el nombre artísitco de Miller, por los garitos de Arkansas y Mississippi y curtiéndose en el oficio de músico ambulante.

Pero un buen día Sonny Boy decidió abandonar la banda y marcharse con su esposa a Milwaukee. Cotton se quedó huérfano por segunda vez. Había heredado una banda pero era demasiado joven para manejarla, así que se buscó un nuevo tutor. El elegido fue Howlin’ Wolf, con quién con contactó en un garito al que le dejaron entrar a pesar de ser menor, cosa que hizo gracia al temperamental Wolf que le convirtió en su compañero. Ambos recorrieron los juke joints y garitos que jalonaban la Ruta 61 entre Mississippi y Missouri y fue Wolf quien le consiguió un espacio en la emisora KWEM de Memphis y sus primeras grabaciones para Sun Records, con apenas 15 años. Pero acosado por las estrecheces económicas tiene que trabajar como repartidor de hielo y por las noches toca en un local llamado Dinette Lounge. Allí, una noche de diciembre de 1954, tras una actuación se le acercó un hombre que se presentó como Muddy Waters. Cotton creyó que era un bromista, pero pronto descubrió que era increíblemente cierto y que le estaba ofreciendo una actuación para la siguiente noche en un local de Beale Street. Resulta que el armonicista de Waters, Junior Wells, se había largado dejándolos colgados y necesitaban un sustituto cuanto antes.

Cotton tenía solo veinte años y había encontrado a su tercer y definitivo mentor. Se instaló en Chicago y tocó con Waters durante diez años en los que participó en numerosos discos en los que su armónica consigue ser una pieza clave, a pesar de que en un principio su estilo no entusiasmaba a los directivos de Chess, que preferían el de Little Walter. A los treinta años decide volar por su cuenta y se rodea de un grupo de selectos bluesman, la mayoría formados como él en la banda de Muddy Waters, como Otis Spann. Comienza su carrera personal y graba dos discos, uno de los cuales permanece inédito hasta 1998. A partir de ahí las actuaciones se sucedieron con éxito. En los 60 se convirtió en una figura popular entre el nuevo público del blues, los jóvenes universitarios y el chaval que había sido tutelado por los más grandes apadrinó a su vez a jóvenes como Paul Butterfield, uno de los primeros blancos que se integraron en la primera línea del blues de Chicago.

A finales de los años setenta decidió evolucionar su estilo hacia una mezcla de blues, rock, soul y funk, con el que logró mantenerse en primera línea del show bussiness. En los ochenta, con el nuevo blues revival, se convierte en una figura mítica de los escenarios internacionales como uno de los grandes y genuinos pioneros. En 1994 tuvo que ser operado de un tumor en la garganta, quizá en parte provocado por la excesiva vida que se le atribuía, que altera su tono de voz, pero eso no le impidió seguir triunfando en todo el mundo hasta su muerte, en marzo de 2017.

Dan Serracas / Texto extraído del libro Entre el cielo y el infierno, de Manuel López Poy.

 

El adiós del espíritu de Nueva Orleans

Malcom John Rebennack Jr., conocido universalmente como Doctor John, falleció el 6 de junio de 2019, a los 78 años de edad. Con el desaparece una de las principales fuguras de la música negra y el artista que mejor encarnaba ek espíritu músical de Nueva Orleans. Comenzó a actuar a comienzos de los años 1950 tocando la guitarra, pero perdió un dedo en una pela defendiendo a su amigo, el cantante Ronnie Barron,y se convirtió en un consumado maestro del bajo y el piano. Su música abarcaba todos los géneros los géneros, desde el blues al rock and roll, pasando por el boogie woogie, el jazz y el funk.

Gracias por todo y hasta siempre maestro

Dan Serracas

Jimmy Rogers, pionero del Chicago Blues

Jay Arthur Lane, más conocido en el mundo de la música como Jimmy Rogers, nació en Ruleville, Mississippi, a principios de junio de 1924. Criado en Atlanta y Memphis, acabó adoptando el apellido de su padrastro y aprendió a tocar la armónica con su amigo de la infancia Snooky Pryor, instrumento que cambió por la guitarra en la adolescencia. Comenzó a actuar profesionalmente en East St. Louis, Illinois, con Robert Lockwood Jr. y se mudó a Chicago a mediados de los 40. Hacia 1946, grabó como armonicista y cantante para el sello Harlem, dirigido por J. Mayo Williams, aunque su nombre no apareció en el disco, publicado erróneamente como un trabajo de Memphis Slim and His Houserockers.

En 1947 comenzó a tocar con Muddy Waters y Little Walter formando la primera banda pionera del blues de Chicago.  En 1950 logró uno de su mayores éxitos en solitario, “That’s All Right”, algo que repitió en 1954 con “Walking by Myself” antes de retirarse de la industria de la música a fines de la década. Regresó en los años 70 para vivir una última y fructifera etapa actuando como una leyenda del blues en todos los festivales europeos .

Dan Serracas

Vintage, un thriller musical que se sumerge en los orígenes del rock y bucea en las leyendas del blues

Vintage portadaUna de las grandes leyendas del rock es la Moderne, una guitarra eléctrica creada por Gibson en 1957, al mismo tiempo que la Flying V y la Explorer, de cuya existencia sólo da fe un dibujo de Ted McCarty, el diseñador de los modelos de la marca, ya que nunca se llegó a comercializar. A pesar de haber sido presentado un prototipo en 1958 en la feria de muestras NAMM, no existe ningún ejemplar, al menos ninguno que se haya podido comprobar. Billy Gibbons, el guitarrista de ZZ Top, siempre ha afirmado poseer una pero nunca lo ha demostrado, como tampoco se ha demostrado el rumor de que Jimi Hendrix y Jimmy Page la usaron para grabar en secreto alguna de sus canciones.

A partir de esta leyenda el novelista francés Grégoire Hervier crea un trhiller musical en el que un guitarrista aficionado y empleado de una tienda de instrumentos de Paris se ve embarcado en una fantástica, peligrosa y delirante aventura para conseguir un ejemplar de la Moderne por encargo de un extraño millonario escocés, que no es quien dice ser en una novela en la que nada es lo que parece y por la que pululan imitadores de Elvis reconvertidos en asesinos, policías aficionados al rock & roll, universitarias investigadoras de las esencias del blues y un largo etcétera de esotéricos personajes.

Y de fondo el paísaje del viejo Sur de los Estados Unidos, donde el diablo parece pulsar las cuerdas de una Moderne para fundir el blues y el rock primigenio en una entretenida y bien documentada narración policiaco-musical con banda sonora de Elvis Presley, Led Zepellin, Muddy Waters o Robert Johnson, cuya inevitable sombra se proyecta sobre uno de los personajes, el guitarrista fantasma Li Grand Zombi Robertson, el hijo que el mítico bluesman tuvo poco antes de morir envenenado en Greenwood.

MLP para La Ruta del blues

La SBB lanza el Anuario del Blues 2018

Portada Anuario_2018

El Anuario del Blues que cada año edita la Societat de Blues de Barcelona recogiendo la información sobre el género en nuestro país, ya está disposición de todos los aficionados en la web de dicha entidad. Como es habitual, esta nueva edición recoge los festivales, discos, libros, conferencias, estudios, publicaciones e iniciativas en torno el blues, que se produjeron a lo largo del 2018. También incluye jugosos artículos y reportajes como los dedicados al blues y el boxeo, la historia de Skip James, el baile blues, el blues en Euskadi y el aniversario del Honky Tonk Bues Bar de Barcelona, el local de referencia del género en la ciudad condal. La portada está dedicada a los diez años de vida de la publicación, la única en papel dedicada al blues en nuestro país. Larga vida.

Dan Serracas

Enlace al Anuario en la web de la Societat de Blues de Barcelona

https://societatbluesbarcelona.org/wp-content/uploads/2019/04/Anuario_2018-def-para-web.pdf

 

PAPA CHARLIE JACKSON :progenitor del blues

papa charlie jacksonEn la última década del siglo XIX los Estados Unidos entran en la llamada “Era del progreso”  mientras en el Sur imperan llamadas Leyes Jim Crow, que impiden de hecho el voto a los negros, restringen sus acceso a edificios públicos y privados e incluso en algunos lugares decretan el toque de queda para los afroamericanos a partir de las primeras horas de la noche. Por lo demás, la fotografía comienza a llegar a los rincones más alejados del país, un farmacéutico que se llama John Pemberton pone en circulación un “medicamento para el cerebro y los nervios” que se llama Coca Cola y en algunos domicilios se comienza a leer una nueva revista que se llama National Geographic.

Por esa época Nueva Orleans es la ciudad más libre para los negros del Sur y en los garitos, prostíbulos y tabernas del barrio de Storyville proliferan los músicos que alumbran una nueva cultura. Por sus calles pulula se mueve un chaval que se llama Charles Alexander Jackson cuya fecha exacta de nacimiento se desconoce, aunque que se supone se produjo en algún momento entre 1885 y 1890. No era un bluesman y los blues que grabó no se ajustan a los cánones de esa música, que se fraguó en los días que Charles Alexander abandonó su Nueva Orleans natal y se lanzó a los caminos para convertirse en músico ambulante con el nombre de Papa Charlie Jackson.

Pasó varios años vagando por los caminos, enrolado en compañías de teatros de vodevil y minstrels, unos teatrillos en el que unos blancos con la cara pintada imitaban a los negros (que luego se incorporaron a los espectáculos) y medecin shows, los espectáculos ambulantes en lo que en una carreta una mezcla de músicos y charlatanes, con el reclamo de la música, trataban de colocarle al público unos presuntos elixires que lo curaban casi todo.

A comienzos de los años 20 Papa Charlie llegó a Chicago con su banjo de cuatro cuerdas y se convirtió en la figura más conocida de Maxwell Street Market, el corazón del barrio negro, donde desplegó todo su arte burlesco, su música bailable y sus canciones picantes cargadas de ironías y doble sentido sexual. En 1924 grabó sus primeros temas, entre los que figura ‘Papa´s Lawdy Lawdy Blues’, considerada la primera grabación de blues rural. En los diez años siguientes grabó 70 canciones entre las que figuran temas ‘Salty Dog Blues’ o ‘Shake That Thing’, herederos directos de las canciones sureñas de los tiempos de la esclavitud.

En sus años de gloria compartió escenarios y grabaciones con mitos del blues como Mar Rainey, Ida Cox o Blind Blake. Incluso se especula con que fue él quien enseñó a tocar la guitarra a futuros bluesman legendarios como Big Bill Broonzy, con quién llegó a grabar algunos temas. Pero su estilo anticuado pronto dejó de ser del gusto de los negros urbanos de los guetos de Chicago, donde el blues se imponía sobre cualquier otra música popular. Intentó subirse al carro y en 1934 grabó algunos blues más tradicionales pero su hora había pasado. Desapareció para siempre en las callejuelas y los tugurios del gueto del South Side, donde murió olvidado por todos.

Al igual que sucede con su nacimiento, la fecha exacta de su muerte es una incógnita, aunque se da por bueno el año de 1938. Durante años su importancia en la historia del blues ha sido minimizada, aunque hoy nadie duda de su papel fundamental en el nacimiento de la música que está en las raíces de la cultura afroamericana.

Extraído del libro Entre el Cielo y el Inferno, de Manuel López Poy

Dan Serracas