Autor: danserracas

Hace 25 años que colaboro en diversos programas y publicaciones musicales y en ese tiempo ha atesorado una colección de discos, vídeos y libros sobre música negra con lo que he llegado a conseguir un fondo documental que quiero compartir en esta página. También intentaré rescatar de la marabunta aquellos proyectos de música afroamericana que en mi opinión, merezcan apoyo en su difusión. Y ante todo... trataré de mantener el respeto por la música.

BARBECUE BOB. El chef de Atlanta

31890239_1390638122Un buen día de 1926 Robert Hicks está trabajando en el restaurante Barbecue Tidwell. Mientras cocina la carne a la parrilla y entretiene a la clientela con sus canciones, le presentan a un cliente que quiere hacerle una oferta. Pero esta vez no se trata de uno de los habituales encargos para ir a tocar la guitarra a una fiesta familiar. El cliente se llama Dan Hornsby y es un cazatalentos de Columbia Records, al que le han llegado noticias sobre esta celebridad local y su peculiar show gastronómico-musical y quiere ofrecerle un contrato para grabar. Un año después Robert se ha convertido en Barbecue Bob y su foto vestido de cocinero se convierte en la portada de su primer disco, que le hará famoso en un tiempo récord.

Hicks nació en 1902 en Walnut Grove, un pequeño pueblo de agricultores próximo a Altanta, la capital de Georgia. Él y su hermano Charlie se trasladaron al condado de Newton y allí conocieron a un chaval que se llamaba Curly Weaber, hijo de Savannah ‘Dip’ Weaber, una reconocida pianista y guitarrista, que le enseñó a tocar a los tres. Pronto el grupo se completó con la llegada de Eddie Mapp, que tocaba la armónica. Comenzaron a actuar en las fiestas de los alrededores de la capital del estado. A principios de los años 20 Robert Hicks se instaló en Atlanta y aprendió a tocar la guitarra de doce cuerdas, convirtiéndose en un músico popular en los locales de blues, las fiestas al aire y sobre todo en los restaurantes, en los que alterna el manejo de la parrilla con el dominio de la guitarra.

Por aquellos años la ciudad comenzaba a renacer de las cenizas del gran incendio que en 1917 había destruido dos mil edificios, dejando sin hogar a más de diez mil personas. Tras el desastre la ciudad emprendió la reconstrucción con renovados bríos impulsada por fortunas locales como la de la familia Candler que en 1921 vendió por 25 millones una empresa pujante que se llamaba Coca Cola Company. En poco tiempo la ciudad triplicó su tamaño convirtiéndose en una de las más prósperas del país. Y para eso hizo falta mucha mano de obra de jóvenes negros que llegaban del campo por centenares, instalándose en los barrios más miserables donde se producían fuertes tensiones sociales.

En este ambiente se produjo el despegue de la carrera de Bob, que a principios de la primavera de 1927 grabó junto a su hermano Charlie su primer tema, ‘Barbecue Blues’ del que en poco tiempo se vendieron 15.000 copias. Tres meses después se fue a Nueva York para registrar varios temas, entre ellos ‘Mississippi Heavy Water Blues’, una canción que tocó la fibra más sensible del público negro al relatar la catástrofe de la gran inundación que ese año asoló Mississippi. Se convirtió en el tema más popular de su tiempo y los discos se vendieron como rosquillas. Tres años después repitió con otro tema en la misma línea, ‘We Sure Got Hard Times Now’ que narraba las miserias de la Gran Depresión. El disco salió a la calle a principios de 1930, justo cuando falleció su esposa y entró en una época oscura y depresiva. En diciembre de ese mismo año volvió a reunirse con su hermano (convertido en ‘Laughing’ Charlie Lincoln) y con sus amigos Curley Weaber y Eddie Map, para grabar una serie de temas bajo el seudónimo QRS. El disco fue editado como The Georgia Cotton Pickers, una banda de ocasión en la que tocaba la armónica un joven y prometedor músico que se llamaba Buddy Moss.

En el otoño de 1931 Bob cogió una gripe que se fue complicando en una neumonía que a su vez acabó convirtiéndose en una tuberculosis que acabó con su vida cuando tenía 29 años y estaba en la cúspide de su carrera. A pesar de ser una celebridad en su tiempo, pronto cayó en el olvido y ni siquiera el revival de los años 60 sirvió para que su obra fuese valorada como se merecía. El único que se acordó de él fue Eric Clapton que rescató su ‘Motherless Child Blues’.

Extraido del libro Entre el Cielo y el Infierno, de Manuel López Poy

Dan Serracas

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El blues de los pantanos llora por Lazy Lester

b0e1f1c1a5dce607539ed8c97337a01fLeslie Jonhson, más conocido como Lazy Lester, vino a parar a este mundo el 20 de junio de 1933 en Torras, Louisiana. De orígenes humildes, tuvo que trabajar desde muy temprana edad mientras se convertía en músico de blues acompañando a viejos maestros del género como Slim Harpo, Lightnin ‘Hopkins y Katie Webster. Su suerte comenzó a cambiar el día que se sentó en un autobús junto al bluesman Lightnin’ Slim, que se dirigía a realizar una sesión de grabación de Excello. Por fortuna para Lester el músico que debía tocar la armónica no se presentó y éste le sustituyó con tanta eficacia que el productor de la discográfica al productor, Jay Miller, decidió grabar a Lester como solista y además aprovecha su talento a grabar a Lester como solista y también a usar su talento como multi instrumentista en la percusión, la guitarra, el bajo y la armónica en sesiones de grabación de numerosos bluesmen, especialmente de Slim Harpo.

Fue Miller quién le apodó Lazy (perezoso), según parece a causa del estilo lacónico y relajado de Lester, que se convirtió en un consumado cantante y armonicista de swamp blues, además de escribir magníficos temas como “I’m a Lover Not a Fighter”, “I Hear You”. Knockin ‘ o “Sugar Coated Love”, que acabaron haciendose famosas en la voz de diversas estrellas del blues, el rock o el country, como Dave Edmunds, The Kinks, The Fabulous Thunderbirds, Raful Neal o Freddy Fender. Lo malo fue que casi todo el dinero que generaron los derechos de esos temas fue a parar al bolsillo del Jay Miller, lo que llevó a Lester a abandonar el negocio musical, cabreado, engañado y decepcionado.

A pesar de alguna actuación esporádica en los años 70, como un concierto con Lightnin’ Slim en la Universidad de Chicago. Lester permaneció durante un par de décadas en Louisiana, alejada profesionalmente de la música, hasta que el historiador musical, Fred Reif logró convencerlo para regresar a los escenarios a finales de los años 80, cuando comenzó además a grabar de nuevo con músicos Gene Taylor, Kenny Neal, Lucky Peterson, Sue Foley o Jimmie Vaughan. También fue el inicio de sus giras por Europa, que se han mantenido hasta los últimos días de su vida, en los que uno de los países que más visitó fue España, gracias en gran medida a los buenos oficios de Emilio y Carlos Arsuaga, que con Álvaro Bouso, César Crespo e Ignacio Mendivil, se convirtieron en los Lazy Boots, su banda de acompañamiento y organizadores de sus giras por el país.

En el año Lazy Lester 2003 participó junto a BB King, Solomon Burke, Clarence “Gatemouth” Brown, Buddy Guy, Levon Helm, Chuck D, los hermanos Neville, Dr. John, John Fogerty y Aerosmith en el concierto de homenaje que organizó Martin Scorsese y que acabó convertido en un documental y un disco titulado Lightning in a Bottle, que es, junto a sus otros 15 discos, la mejor herencia que nos deja tras su muerte en su casa de California.

M.L.P.

 

 

Aretha Franklin. La reina rebelde del soul.

aretha_franklin4-900x600Aretha Louise Franklin vino a parar a este mundo el 25 de marzo de 1942, en Memphis, pero se crió en Detroit, en el seno de una familia de severa disciplina marcada por las rígidas convicciones cristianas de su padre, el reverendo Clarence LeVaughn Franklin, al que su esposa había abandonado cuando Aretha era tan sólo una niña. El caracter del padre y la hija chocaron desde el primer momento y mientras e quería que su hija encaminase sus evidentes dotes musicales por el lado de la música clásica y religiosa, ella prefirió siempre la música blues que escuchaba por la radio. Las cosas se complicaron todavía más cuando Aretha tuvo su primer hijo a los 12 años y el segundo con 14, la edad a la que grabó su primer disco, The gospel soul of Aretha Franklin, en el que se podían oír composiciones gospel con un evidente sonido soul.

Finalmente el famoso productor y cazatalentos de Columbia, John Hammond, le echó el ojo y la fichó para convertirla en una cantante de jazz, cosa que la rebelde muchacha no aceptó y acabó convirtiéndose en la gran dama del nuevo género que por aquellos días estaba sustituyendo al viejo blues y atrapando a las nuevas generaciones de negros y blancos: el soul. El 14 de febrero de 1967 grabó en los estudios de Atlantic, en Nueva York, una versión de un tema con el que ya había triunfado Otis Redding, conocido como «King Of Soul», un género del que, desde aquel día, Arteha Franklin se convirtió en reina absoluta.

Sirvan estas líneas como modesto homenaje en el infausto día de su fallecmiento. Gracias por tu música y tu rebeldía. Hasta siempre Aretha.

Dan Serracas

Margie Evans, la activista blueswoman de los derechos civiles

margie_evans_feat_philipp_fankhauser_bandMarjorie Ann Johnson nació en Shreveport, Louisiana, el 17 de julio de 1940. Criada en una familia de manifiesta devoción religiosa, comenzó en el mundo la música cantando gospel en la iglesia. En 1958 se trasladó a Los Ángeles y acompañó como vocalista a Billy Ward entre 1958 y 1964, para luego unirse a la orquesta de Ron Marshall entre 1964 y 1969 y acabar formando parte de la banda de Johnny Otis.

En 1973 comenzó su carrera en solitario en 1973, logrando el çexito con su canción “Good Feeling” que se colcó en el puesto 55 de las listas de ryhthm & blues durante cuatro semanas. Cuatro años después repetiría un éxito similar con “Good Thing Queen”.
En 1980, Evans actuó en el Festival de Blues de San Francisco y en el Festival de Blues de Long Beach y en recibió el premio Keepin The Blues Alive de la Blues Foundation.

Con una notoria influencia de las grandes blueswomen como Bessie Smith, Ma Rainey, Big Maybelle y Big Mama Thornton, Margie Evans, destaca especialmente como una activista de los derechos civiles de los afroamericanos y una importante promotora del legado del histórico y musical del blues.

Es una recomendación de Dan Serracas

“Pianistas de blues: Guía completa”. Un pormenorizado repaso a la historia del piano blues

pianistas-de-bluesJosé María Doménech lo ha vuelto a hacer. Si en el año 2012 con “La música del diablo: Historia del blues británico” vino a llenar un vacío en la literatura musical sobre el blues escrita en nuestro país, el del british blues que a pesar de ser la iniciación para muchos aficionados españoles al género carecía de una publicación de referencia, seis años después ha repetido el gesto, pero esta vez con una publicación dedicada al piano blues, y eso sí, repitiendo editorial: Lenoir Ediciones, una de las pocas que todavía se ocupa hacernos llegar libros específicos hechos por verdaderos conocedores y aficionados.

Las 256 páginas del libro, además de la preceptiva introducción, contienen un exhaustivo listado de pianistas de todos los palos del blues, el barrelhouse, el woogie y el rhythm & blues, clasificados por orden alfabético de la A a la Z, un capitulo dedicado a acercar al lector generalista los distintos estilos del blues, un vocabulario esencial del género y una completa bibliografía, lo que lo convierte en un útil manual de consulta tanto para aficionados como para neófitos.

Tal y como reza la nota de prensa, la obra “está dedicada a los pianistas del blues, tanto hombres como mujeres, que junto con el resto de sus colegas en otras disciplinas instrumentales revitalizaron y dieron una nueva vida a este maravilloso género, prácticamente en el ostracismo en la tierra que lo vio nacer, Estados Unidos. El racismo visceral que existía en aquellos tiempos hacia los músicos de color y sus supuestas relaciones con fenómenos paranormales, el voodoo y toda clase de demonios, castigaba con más o menos saña a todos los pioneros de esta legendaria música desde los años 20 del pasado siglo”.

Un libro muy recomendable no solo para aquellos que quieran acercarse al blues como intérpretes, sino para todos los aficionados al género, habitualmente más proclives al conocimiento de cantantes y guitarristas de relumbrón, y para todos aquellos amantes de la música que quieran acercarse a un mundo, el de los pianistas de blues, cargado de historia, leyenda, ritmo y mucho feeling.

Es una recomendación de Dan Serracas

 

Memphis Minnie: rompiendo moldes

800px-Memphis_MinnieLizzie Douglas nació en 1897 en Algiers, Louisiana y era la mayor de trece hermanos. Sus padres, Gertrude y Abe Douglas, eran dos granjeros pobres y Lizzie tuvo una infancia de privaciones hasta que la familia decidió trasladarse a Walls, en la frontera con el estado de Tenessee y muy cerca de Memphis a donde se escapaba en cuanto podía. A los trece años se fugó de casa y se enroló en una compañía ambulante de espectáculos donde comenzó a tocar el banjo y la guitarra. Dos años después estaba de regreso en las calles de Memphis que por entonces era una ciudad muy violenta, especialmente el barrio negro, donde se daban cita chulos, jugadores, matones, prostitutas y vividores de todas las regiones del Sur. Quizá por eso la joven cantante adoptó el apodo de ‘Kid’ Douglas, un nombre de chico para un ambiente rudo. Ahí forjó su recio carácter que le permitió sobrevivir y triunfar en un mundo de hombres duros.

Por aquellos días las blueswoman estaban relegadas básicamente al circuito de los espectáculos de vodevil o al de los burdeles más o menos elegantes. Lo habitual es que se dedicasen a cantar acompañadas por un pianista, pero Lizzie estaba decidida a romper moldes y se convirtió en una pionera al cantar y tocar la guitarra codo a codo con sus colegas masculinos, a los que superó en muchas ocasiones, como en el celebre duelo de guitarras en el que venció a Big Bill Broonzy, quien le birló la mitad del premio: una botella de ginebra. Parece que su primer marido fue el músico Casey Bill Weldon, aunque dada la diferencia de edad muchos creen que se trataba de otro Will Weldon, un integrante de la Memphis Jug Band, la banda de jarra más famosa de la ciudad en la que Lizzie se codeó con los más granado del blues, como Frank Stokes, Furry Lewis o Charlie Patton.

A los 30 años se casó con un guitarrista más joven, Joe McCoy, con quien formó una pareja artística que empezó a destacar en las calles, locales y trastiendas de Beale Street. Allí fueron descubiertos para comenzar su carrera discográfica en Chicago, a donde se trasladaron en 1931, después de que firmasen con Columbia un contrato en exclusiva. En los años siguientes vivieron una etapa de éxitos y grabaron una prolífica serie de discos que forman parte fundamental de la historia de la música. Pero lo que funcionaba como en reloj en el ámbito artístico fallaba en el doméstico. Lizzie era una estrella rutilante y Joe ‘Kansas’ McCoy no estaba muy a gusto en su papel de príncipe consorte. La pareja acabó disolviéndose y Minnie emprendió una nueva carrera con el sello Decca que la convirtió en la ‘Reina del blues’. Su música se convirtió en algo más sólido y sus letras se acercaron a la cruda realidad de su comunidad.

En 1938, cuatro años después de divorciarse de ‘Kansas’ McCoy, llegó a la orquesta de Minnie, Ernest Lawlars, un nuevo guitarrista del que se enamoró la veterana cantante, que lo convirtió en su nuevo marido y compañero musical. Ernest se hizo llamar desde entonces ‘Little Son’ Joe y acompañaría a Minnie hasta el final de sus días. Tras una larga temporada de éxito compartido a lo largo de los años 40, Minnie comienza a dar señales de cansancio y la pareja se traslada a Memphis. La reina vuelve a casa, donde se convierte en una figura emblemática.

En Memphis siguieron tocando los domingos por la noche en un club de Beale Street junto y Minnie intervenía en diversos programas de radio, pero poco a poco las cosas se fueron deteriorando. A mediados de los 50 la salud de Son Joe empeoró progresivamente. Acabó prácticamente paralítico y se fueron a vivir a un cuartucho miserable. En 1962 murió ‘Son’ Joe y la cantante se fue a vivir con su hermana Daisy, hasta que ella falleció y Minnie acabó en un asilo, donde a veces recibía visitas de admiradores y cantantes que le rendían tributo. Falleció en agosto de 1973 e inmediatamente comenzaron los homenajes, siendo una de las primeras damas de la música negra en lograr un lugar en el Hall of Fame.

Texto extríado del libro Entre el cielo y el infierno. 100 efemérides del blues clásico, de Manuel López Poy, publicado en 2013 por Lenoir Ediciones.

Dan Serracas

Badland’s Blues: el nuevo disco de Beiztegui y Los Culpables

portada

El pasado mes de enero vio la luz Badland’s Blues, el tercer disco del músico granadino afincado en Madrid, Fernando Beiztegui, tras I Asked for Water​.​.​. and She Gave Me Gasoline (en solitario) y Long Road Blues (acompañado por Manuel Moreno, Pablo y Sergio Bárez). El disco está compuesto por seis canciones propias, todas compuestas por Fernando Beiztegui y dos versiones: “Cut off my right arm” de Johnny Copeland y “Trouble no more” de Muddy Waters, que a su vez se inspiró en una vieja canción de Sleepy John Estes “Someday Baby”. El disco fu grabado en directo en dos ´çunicas sesiones y refleja el sonido, ilusión y buen hacer de una banda integrada por músicos de una trayectoria consolidada y una honesta pasión por el blues.

Beiztegui y Los Culpables se formó en el año 2014 con Fernando a la guitarra y voz, Javier Martín al bajo y Dani Cuenca a la batería. Un poco más tarde se ha incorporado el armonicista Cristóbal Oteros “Pobas”, que ha aportado a la banda su personal estilo de tocar, redondeando el sello personal del sonido de este grupo. Fernando Beiztegui consolida así una larga trayectoria que comenzó en los años noventa en su tierra granadina con Malayerba Blues Band, el grupo de Joaquín Sánchez ‘La Abuela’ y que posteriormente le ha llevado a compartir escenario con artistas de la talla de Jeanne Carroll, Lazy Lester, Bob Margolin, “Big Eyes” Smith u Otis Grand, entre otros.

Un recomendable disco, con temas que rinden tributo al blues más puro pero interpretado con un estilo propio que se trasluce en temas tan contundentes como Califa’s swing, Long road blues, She’s so cool, Death Town Blues, Strange Feeling Blues o Devil’s Blues, en los que Beiztegui vuelca su acreditado conocimiento del género.

Es una recomendación de Dan Serracas

Video de Beiztegui y los Cupables grabado en La Coquette de Madrid por el divulgador del blues Eugenio Moirón.

https://www.youtube.com/watch?v=4b-VMlO5Pxo

 

 

JAYBIRD COLEMAN: El pájaro cantor que renace en primavera

En la primavera de 1896, en el pueblo de Gainsville, Alabama, en una familia de aparceros nace un niño llamado Burl Coleman, casi al mismo tiempo que en Alemania un tal Hohner sacaba al mercado la ‘Marine Band’, una armónica que costaba solo 50 centavos y que pronto empezó a ser usada en las plantaciones de algodón, los campos de trabajo y el ejército norteamericano. Fue en esta última institución donde el joven Coleman perfeccionó el uso del instrumento que le haría célebre y que él popularizaría más que nadie en la historia del Blues.

En 1917 el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, anuncia la entrada del país en la I Guerra Mundial, y Coleman, que por entonces tenía 21 años, decide incorporarse a filas. En el cuartel Coleman recibe el apodo de ‘Jaybird’ (arrendajo), el nombre de un ave que tiene la habilidad de imitar el canto y la voz de otros animales, igual que él era capaz de imitar con su armónica el sonido de trenes, carros, voces humanas y casi cualquier cosa. Pronto fue elegido por los mandos para entretener a los soldados, gracias a sus dotes musicales y fue en sus años en la milicia donde desarrolló el increíble dominio de la armónica que le convertiría en un pionero de este instrumento.

Al volver a casa se enrola en compañías de minstrels y vodevil, los espectáculos ambulantes que recorrían los pueblos y ciudades del sur. También su unió temporalmente a distintas jug bands y se hacía acompañar por su hermana Lizzie cuando actuaba en las calles de Birmingham y Bessemer, las capitales del territorio en el que pasó prácticamente toda su vida. En 1920 Jaybird se une a Big Joe Williams y su Birmingham Jug Band, con la que recorrieron buena parte de Estados Unidos. En 1927 le llegó la oportunidad de grabar y en los siguientes tres años registró 15 títulos, entre ellos su famoso ‘Man Trouble Blues’. Pero al comienzo de los años 30 la Gran Depresión supuso el final de muchas carreras musicales y Jaybird dejó de grabar discos y regresó a su Alabama natal para llevar una vida más doméstica.

Desde entonces se dedicó a actuar en reuniones familiares, fiestas campestres y lo más llamativo de todo, en celebraciones del Ku Klux Klan. A mediados de los años 40 su figura se había ido diluyendo y había desaparecido completamente del panorama musical. ‘Jaybird’, que había aprendido a tocar sólo en los campos del viejo Sur, se inspiraba directamente en los blues primitivos, los cantos espirituales, pero sobre todo en los “field hollers” los antiguos cánticos de trabajo heredados de los esclavos de las plantaciones, mezclando su voz de falsete con los sonidos de la armónica. En junio de 1950, a los 54 años de edad, Coleman moría en un hospital para veteranos de guerra en Alabama, dejando en herencia una forma de tocar que cambió para siempre la historia de un instrumento: la armónica.

Texto extraido del libro Entre el cielo y el infierno. Cien efemérides del blues clásico, de Manuel López Poy, editado por Lenoir en el 2013.

Dan Serracas

“Del Guadalssissippi”: primer disco de la banda cordobesa Sr. Blues

Sr Blues

Tras un largo y cuidadoso proceso de elaboración, la banda cordobesa Sr. Blues ha lanzado su primer disco, un trabajo en el que han volcado todo el buen hacer y la calidad artística de sus integrantes: Cristobal Oteros “Pobas” a la armónica, Antonio Osuna a la guitarra, Rafael Lara “Popez” al bajo y Santi Rodriguez a la batería. Su contundencia y su sabor a blues clásico bien trabajado se aprecian en los ocho temas que integran este primer trabajo discográfico del grupo que se abre con una canción, “Del Guadalssissippi” qu además de dar título a la integridad del trabajo supone un himno reivindicativo del blues hecho en Andalucía y que a buen seguro se convertirá en un clásico de nuestro blues sureño.

En total el disco contiene cinco temas propios, cantados en castellano: el ya mencionado “Del Guadalssissippi”, “Dame tu amor”, “No quiero verte”, “No tengo tiempo de na” y “Puñaladas”;  y otras tres versiones instrumentales: “Gibson creek shoufle”, “Hide away” y “Chromatic jump” , todos ellos temas con todo el espíritu de los grandes cla´sicos del génri, repletos de ritmo y buenas vibraciones, “sin otra pretensión que hacer blues, buen blues” tal y como afirman ellos mismo en su nota promocional. El disco cuenta con la valoración deJosé Luis Juárez “Loki”  y Sonia Varo “Maladiva” en los coros y las letras de las canciones son de José Antonio Rojas y Carlos Phillpot.

Este debut discográfico de Sr. Blues ha sido grabado en los estudios Recycle y mezclado por Rafael Gil en los estudios Estados Unidos.

Es una recomendación de Dan Serracas

“Una chica sin suerte”. En la piel de Big Mama Thorton

Una chica sin suerte

Bajé a Blake Street
Para conseguir un vaso de ginebra
Antes de tomar mi ginebra
Entró el FBI

Que mala suerte
Qué mala suerte tiene esta pobre chica
Parece que a todos los sitios que voy
Me sigue el FBI

No me importa ir a la cárcel
Pero no probé mi ginebra
Me parece que cada vez que quiero beber
Vuelvo a la cárcel de nuevo

“Una chica sin suerte”, la canción que compuso Champion Jack Dupree para Big Mama Thorton, da título a esta novela de la escritora Noemí Sabrugal, que narra a modo de falso diario la gira del American Flok Blues Festival de 1965, desde la óptica de Willie Mae Thorton, una de las más grandes cantantes, en todos los sentidos, que ha dado el blues. Londres, Berlín, Estocolmo, Zurich, Amsterdam, Bruselas, Glasgow, Lucerna, París, Barcelona o Dublín, entre otras ciudades europeas, se suceden como paisaje de fondo ante los asombrados, cansados, deprimidos e incluso a ratos ilusionados ojos de una alcoholizada Big Mama Torthon que trata desesperadamente de aferrarse a una penúltima oportunidad para relanzar su errática carrera.

Todas esas ciudades marcan los capítulos del libro que se suceden casi con una cierta monotonía vital en la que la estrella del blues pasa del inusitado y entusiasta fervor del público, que le dan el trato de estrella que se le niega en los Estados Unidos, a la depresión de saber que su música cosecha éxitos en boca de cantantes blancos como Elvis Presley, mientras ella se desliza por la cuesta abajo de la debacle artística y personal. Incapaz de disfrutar plenamente del éxito europeo, porque sabe que su vuelta a casa supondrá de nuevo el ostracismo, se refugia en el alcohol, en los paseos por ciudades frías y desconocidas y en un ambiguo trato con sus compañeros de viaje, cuyos retratos personales son quizá uno de los atractivos fundamentales de la obra.

BigWalterHorton, FredMcDowell, BuddyGuy, EddieBoyd, RooseveltSykes, John Lee Hooker, VFreddieBelow, Doctor Ross, Jimmie Lee Robinson y J.B. Lenoir, se convierten un ilustres comparsas de una mujer que piensa, dice y escribe  cosas como: “Soy Gorda, Y Negra. Pero valgo más que todos vosotros, bastardos”, la frase que abre el libro a modo quizá de declaración de intenciones, quizá tanto suyas como de la autora, capaz de meterse en la piel de la desafortunada chica negra que nació en Montgomery, Alabama, un lejano día de 1926 y que, tras una azarosa y vapuleada vida, falleció a los 58 años dejándonos como herencia un puñado de canciones que constituyen parte esencial de la cultura popular del siglo XX. La autora, Noemí Sabrugal, ha sido capaz de asomarse a un breve pero decisivo período de esa vida para acercarnos a una artista inmensa, con un libro de esos en los que la pasión pesa todavía más que la literatura.

Manuel López Poy para el blog de Dan Serracas