Mes: junio 2018

“Pianistas de blues: Guía completa”. Un pormenorizado repaso a la historia del piano blues

pianistas-de-bluesJosé María Doménech lo ha vuelto a hacer. Si en el año 2012 con “La música del diablo: Historia del blues británico” vino a llenar un vacío en la literatura musical sobre el blues escrita en nuestro país, el del british blues que a pesar de ser la iniciación para muchos aficionados españoles al género carecía de una publicación de referencia, seis años después ha repetido el gesto, pero esta vez con una publicación dedicada al piano blues, y eso sí, repitiendo editorial: Lenoir Ediciones, una de las pocas que todavía se ocupa hacernos llegar libros específicos hechos por verdaderos conocedores y aficionados.

Las 256 páginas del libro, además de la preceptiva introducción, contienen un exhaustivo listado de pianistas de todos los palos del blues, el barrelhouse, el woogie y el rhythm & blues, clasificados por orden alfabético de la A a la Z, un capitulo dedicado a acercar al lector generalista los distintos estilos del blues, un vocabulario esencial del género y una completa bibliografía, lo que lo convierte en un útil manual de consulta tanto para aficionados como para neófitos.

Tal y como reza la nota de prensa, la obra “está dedicada a los pianistas del blues, tanto hombres como mujeres, que junto con el resto de sus colegas en otras disciplinas instrumentales revitalizaron y dieron una nueva vida a este maravilloso género, prácticamente en el ostracismo en la tierra que lo vio nacer, Estados Unidos. El racismo visceral que existía en aquellos tiempos hacia los músicos de color y sus supuestas relaciones con fenómenos paranormales, el voodoo y toda clase de demonios, castigaba con más o menos saña a todos los pioneros de esta legendaria música desde los años 20 del pasado siglo”.

Un libro muy recomendable no solo para aquellos que quieran acercarse al blues como intérpretes, sino para todos los aficionados al género, habitualmente más proclives al conocimiento de cantantes y guitarristas de relumbrón, y para todos aquellos amantes de la música que quieran acercarse a un mundo, el de los pianistas de blues, cargado de historia, leyenda, ritmo y mucho feeling.

Es una recomendación de Dan Serracas

 

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Memphis Minnie: rompiendo moldes

800px-Memphis_MinnieLizzie Douglas nació en 1897 en Algiers, Louisiana y era la mayor de trece hermanos. Sus padres, Gertrude y Abe Douglas, eran dos granjeros pobres y Lizzie tuvo una infancia de privaciones hasta que la familia decidió trasladarse a Walls, en la frontera con el estado de Tenessee y muy cerca de Memphis a donde se escapaba en cuanto podía. A los trece años se fugó de casa y se enroló en una compañía ambulante de espectáculos donde comenzó a tocar el banjo y la guitarra. Dos años después estaba de regreso en las calles de Memphis que por entonces era una ciudad muy violenta, especialmente el barrio negro, donde se daban cita chulos, jugadores, matones, prostitutas y vividores de todas las regiones del Sur. Quizá por eso la joven cantante adoptó el apodo de ‘Kid’ Douglas, un nombre de chico para un ambiente rudo. Ahí forjó su recio carácter que le permitió sobrevivir y triunfar en un mundo de hombres duros.

Por aquellos días las blueswoman estaban relegadas básicamente al circuito de los espectáculos de vodevil o al de los burdeles más o menos elegantes. Lo habitual es que se dedicasen a cantar acompañadas por un pianista, pero Lizzie estaba decidida a romper moldes y se convirtió en una pionera al cantar y tocar la guitarra codo a codo con sus colegas masculinos, a los que superó en muchas ocasiones, como en el celebre duelo de guitarras en el que venció a Big Bill Broonzy, quien le birló la mitad del premio: una botella de ginebra. Parece que su primer marido fue el músico Casey Bill Weldon, aunque dada la diferencia de edad muchos creen que se trataba de otro Will Weldon, un integrante de la Memphis Jug Band, la banda de jarra más famosa de la ciudad en la que Lizzie se codeó con los más granado del blues, como Frank Stokes, Furry Lewis o Charlie Patton.

A los 30 años se casó con un guitarrista más joven, Joe McCoy, con quien formó una pareja artística que empezó a destacar en las calles, locales y trastiendas de Beale Street. Allí fueron descubiertos para comenzar su carrera discográfica en Chicago, a donde se trasladaron en 1931, después de que firmasen con Columbia un contrato en exclusiva. En los años siguientes vivieron una etapa de éxitos y grabaron una prolífica serie de discos que forman parte fundamental de la historia de la música. Pero lo que funcionaba como en reloj en el ámbito artístico fallaba en el doméstico. Lizzie era una estrella rutilante y Joe ‘Kansas’ McCoy no estaba muy a gusto en su papel de príncipe consorte. La pareja acabó disolviéndose y Minnie emprendió una nueva carrera con el sello Decca que la convirtió en la ‘Reina del blues’. Su música se convirtió en algo más sólido y sus letras se acercaron a la cruda realidad de su comunidad.

En 1938, cuatro años después de divorciarse de ‘Kansas’ McCoy, llegó a la orquesta de Minnie, Ernest Lawlars, un nuevo guitarrista del que se enamoró la veterana cantante, que lo convirtió en su nuevo marido y compañero musical. Ernest se hizo llamar desde entonces ‘Little Son’ Joe y acompañaría a Minnie hasta el final de sus días. Tras una larga temporada de éxito compartido a lo largo de los años 40, Minnie comienza a dar señales de cansancio y la pareja se traslada a Memphis. La reina vuelve a casa, donde se convierte en una figura emblemática.

En Memphis siguieron tocando los domingos por la noche en un club de Beale Street junto y Minnie intervenía en diversos programas de radio, pero poco a poco las cosas se fueron deteriorando. A mediados de los 50 la salud de Son Joe empeoró progresivamente. Acabó prácticamente paralítico y se fueron a vivir a un cuartucho miserable. En 1962 murió ‘Son’ Joe y la cantante se fue a vivir con su hermana Daisy, hasta que ella falleció y Minnie acabó en un asilo, donde a veces recibía visitas de admiradores y cantantes que le rendían tributo. Falleció en agosto de 1973 e inmediatamente comenzaron los homenajes, siendo una de las primeras damas de la música negra en lograr un lugar en el Hall of Fame.

Texto extríado del libro Entre el cielo y el infierno. 100 efemérides del blues clásico, de Manuel López Poy, publicado en 2013 por Lenoir Ediciones.

Dan Serracas